La familia de Miguel Ángel Rojas y Berenice Giles, quienes fallecieron en el festival AXE Ceremonia en la Ciudad de México el 19 de octubre, realizó una protesta frente al Tribunal Superior de Justicia para exigir justicia por un homicidio culposo. Los manifestantes bloquearon la avenida Niños Héroes, denunciando que las empresas responsables del evento ya cobraron un seguro por las muertes, mientras la familia enfrenta dificultades económicas y presiones para aceptar acuerdos de reparación. Este caso resalta la tensión entre las prácticas empresariales y las garantías de derechos humanos en eventos masivos.
El festival AXE Ceremonia, organizado por empresas con presencia en múltiples estados, ha sido escenario de controversias anteriores relacionadas con la seguridad de los asistentes. En 2021, un incidente similar en Guadalajara generó críticas sobre la gestión de riesgos en grandes concentraciones. La muerte de Rojas y Giles, atribuida a condiciones peligrosas durante el evento, resurge ahora en el centro de un debate sobre la responsabilidad corporativa y la protección de los derechos de las víctimas en México.
La acusación de cobro de seguros por parte de las empresas refleja un conflicto común en casos de responsabilidad civil y criminal. Mientras la familia busca justicia, las prácticas de las compañías aseguradoras, que a menudo operan con poca transparencia, pueden priorizar intereses económicos sobre el bienestar de las víctimas. En el contexto nacional, este caso podría impulsar debates sobre reformas legales que regulen mejor la relación entre empresas, seguros y derechos humanos.
La protesta de la familia también subraya la desigualdad en el acceso a la justicia. Mientras las empresas tienen recursos para gestionar reclamaciones y proteger su imagen, las víctimas y sus allegados enfrentan presiones legales y económicas. En el ámbito estatal, la Ciudad de México ha sido escenario de movimientos sociales que exigen transparencia en casos de responsabilidad pública, lo que podría influir en la forma en que se aborda este caso.
Las consecuencias de este caso podrían incluir una mayor regulación de eventos masivos y la revisión de prácticas de seguros en situaciones de tragedia. Además, podría generar un precedente para que otras familias afectadas por incidentes similares busquen justicia con más herramientas legales. Sin embargo, la falta de transparencia en los procesos de reclamación y la complejidad de las leyes mexicanas podrían retrasar o limitar las acciones legales.
El caso de Rojas y Giles no solo es un episodio local, sino un reflejo de problemas sistémicos en la gestión de riesgos y la responsabilidad corporativa en México. Su resolución dependerá de la capacidad de las autoridades para equilibrar intereses económicos con la protección de los derechos humanos, y de la movilización social para exigir cambios que eviten que otros casos se repitan.