Cuba restableció temporalmente su sistema eléctrico tras el octavo apagón general en 2026, que se registró el 15 de mayo debido a una falla en una línea de transmisión en la provincia de Matanzas. La interrupción afectó a gran parte del país, generando desesperación entre los ciudadanos que ya enfrentan una crisis energética prolongada. Las autoridades informaron que el servicio se reanudó parcialmente, aunque con restricciones, y destacaron que el problema fue causado por un fallo técnico en una instalación crítica de la red nacional.
El apagón se produjo en un contexto de escasez crónica de energía, que ha afectado a Cuba desde 2021. La red eléctrica, envejecida y con mantenimiento insuficiente, ha sido víctima de múltiples fallos, especialmente en zonas rurales y urbanas. La Empresa Eléctrica de Matanzas (CUBENORTE) fue la responsable de la falla, que se atribuyó a un sobrecalentamiento en una subestación. Aunque las autoridades no especificaron el alcance total de los daños, los ciudadanos reportaron cortes prolongados en sus hogares y en servicios esenciales como hospitales y hospedajes.
El gobierno cubano ha anunciado planes para modernizar la infraestructura energética, incluyendo la renovación de líneas de transmisión y la adquisición de equipos modernos. Sin embargo, las limitaciones económicas y la falta de recursos han retrasado estos proyectos. Además, se ha planteado la posibilidad de recibir ayuda internacional, aunque el régimen ha sido cauteloso en este aspecto. Los expertos coinciden en que sin inversiones significativas, los apagones seguirán siendo una realidad en el país, afectando la calidad de vida y la economía.
La crisis energética ha exacerbado la frustración de la población, que ya vive con restricciones en el suministro de agua, combustible y servicios básicos. Los apagones no solo interrumpen la vida cotidiana, sino que también impactan en la producción industrial y el turismo, sectores clave para la economía. Analistas señalan que la falta de transparencia en la gestión de la energía y la dependencia de fuentes obsoletas son factores clave en el problema. Para evitar futuros desastres, se requiere un enfoque integral que combine mantenimiento urgente, inversión en tecnologías renovables y una política energética más sostenible.