El sexenio del presidente Andrés Manuel López Obrador ha sido el más violento para el periodismo en México, con más de 3 mil 408 ataques registrados entre 2018 y 2024, según un informe de la Universidad de Berkeley. Este número representa un aumento del 62% en comparación con el periodo anterior, lo que refleja una escalada en la hostilidad hacia los medios de comunicación y los defensores de derechos humanos. Los ataques incluyen amenazas, agresiones físicas, ciberacoso y, en algunos casos, violencia letal, lo que ha generado preocupación en la comunidad periodística y organizaciones internacionales.
El 48% de los ataques reportados fueron cometidos por funcionarios públicos, lo que sugiere una relación directa entre el poder estatal y la represión contra la libertad de expresión. Estas agresiones se han concentrado principalmente en estados con altos índices de violencia, como Veracruz, Guerrero, Michoacán y Oaxaca, donde la presencia de grupos criminales y la inseguridad han complicado el trabajo de los reporteros. Aunque el gobierno ha destacado la creación de mecanismos de protección, como el Mecanismo Nacional de Protección, su eficacia ha sido cuestionada por organizaciones de derechos humanos.
El contexto de este aumento se enmarca en una crisis de seguridad nacional, donde la impunidad y la corrupción han limitado la capacidad de las autoridades para investigar y sancionar a los responsables. Aunque el presidente López Obrador ha promovido una agenda de transparencia, la falta de recursos y la resistencia institucional han obstaculizado la implementación de medidas efectivas. Además, la polarización política ha generado un ambiente donde los periodistas críticos son especialmente vulnerables, lo que ha llevado a un clima de autocensura en algunos medios.
Las consecuencias de esta situación son profundas: la libertad de prensa se ve amenazada, lo que afecta la capacidad de la sociedad para acceder a información veraz y crítica. Organizaciones como Artículo 19 y el Comité para la Protección de Periodistas han llamado a la comunidad internacional a exigir mayores garantías para los comunicadores. A su vez, la falta de protección adecuada puede generar un efecto de desaliento, reduciendo la diversidad de voces en el debate público y debilitando la democracia en el país.
Para abordar esta crisis, se han propuesto medidas como la fortalecimiento del Mecanismo Nacional de Protección, la transparencia en las investigaciones de ataques y la cooperación con organismos internacionales. Sin embargo, el éxito dependerá de la voluntad política para enfrentar la impunidad y garantizar que los periodistas puedan trabajar sin temor a represalias. La situación exige un esfuerzo conjunto entre el gobierno, la sociedad civil y la comunidad internacional para proteger el derecho fundamental a la información y la libertad de expresión.