La figura de los «góbers malosos» ha cobrado relevancia en la política mexicana tras el encarcelamiento de 13 mandatarios que, durante el periodo de Enrique Peña Nieto, fueron destacados como símbolos de un Partido Revolucionario Institucional (PRI) renovado. Entre ellos, cuatro gobernadores priistas enfrentan ahora consecuencias legales por presuntos delitos relacionados con corrupción y abuso de poder, años después de haber sido nombrados por el expresidente. Estos casos han generado críticas sobre la gestión de la administración pública en varios estados y han cuestionado la credibilidad del partido.
Los cuatro gobernadores mencionados son de estados como Veracruz, Oaxaca, Puebla y Tamaulipas, donde se han abierto investigaciones por presuntas irregularidades en contrataciones públicas, desvío de recursos y lavado de dinero. Aunque Peña Nieto los presentó como figuras de confianza para impulsar reformas, ahora enfrentan procesos judiciales que han revelado una falta de transparencia en sus gobiernos. En algunos casos, las autoridades han señalado que los mandatarios usaron su posición para beneficiar a empresas cercanas a sus círculos políticos, lo que ha generado controversia en la sociedad civil.
El contexto de estos encarcelamientos está ligado a la crisis de confianza en la clase política mexicana, especialmente tras el escándalo del caso Ayotzinapa y la creciente movilización ciudadana contra la corrupción. El PRI, que gobernó el país durante décadas, ha intentado reconvertirse en una fuerza más transparente, pero estos casos ponen en evidencia que la lucha contra la impunidad sigue siendo un desafío. Además, la figura de Peña Nieto, quien fue presidente entre 2012 y 2018, ha sido cuestionada por su papel en la selección de estos mandatarios, aunque él mismo no ha sido acusado directamente.
Las consecuencias de estos procesos van más allá de los individuos implicados. La imagen del PRI se ha visto afectada, lo que podría influir en las elecciones futuras y en la capacidad del partido para recuperar la confianza del electorado. Además, los casos refuerzan la necesidad de reformas en el sistema judicial y en la supervisión de las acciones de los gobernadores. Para los ciudadanos, estos eventos son un recordatorio de que la lucha contra la corrupción requiere transparencia, rendición de cuentas y participación activa en la sociedad.