Desde el viernes 6 de noviembre, los trabajadores del Poder Judicial de la Federación mantienen un paro nacional indefinido que ha paralizado la mayoría de los servicios en oficinas y tribunales del país. La medida de presión, que sólo permite la atención de casos de extrema urgencia, representa una de las acciones más significativas del sector judicial en años recientes y refleja la magnitud de las preocupaciones que generan las reformas propuestas.
El detonante: un nuevo esquema de evaluación
La protesta se centra en un nuevo esquema de evaluación que los trabajadores consideran amenaza sus empleos y derechos laborales adquiridos. Aunque la reforma busca modernizar los procesos de desempeño en el Poder Judicial, los empleados temen que los cambios en los criterios de evaluación puedan servir como base para despidos o recortes de prestaciones, sin que existan garantías claras sobre cómo se aplicarán estas nuevas métricas.
Esta paralización ocurre en el contexto de cambios institucionales más amplios en el sector judicial mexicano. En los últimos meses, el país ha experimentado transformaciones significativas en la estructura del Poder Judicial, incluyendo modificaciones constitucionales que han generado incertidumbre entre los servidores públicos sobre sus condiciones futuras de trabajo y estabilidad laboral.
Impacto inmediato y alcance nacional
La suspensión de servicios afecta directamente a ciudadanos que requieren acceso a los tribunales y trámites judiciales en todo el territorio nacional. Con excepción de asuntos de extrema urgencia, los despachos permanecen cerrados, lo que genera retrasos en procesos civiles, penales y administrativos que dependen del funcionamiento regular del sistema.
Los trabajadores demandan claridad sobre cómo operará la nueva evaluación y solicitan garantías respecto a la protección de sus derechos. La indefinición del paro sugiere que ambas partes —trabajadores y autoridades judiciales— aún no han encontrado puntos de convergencia. Las próximas semanas serán determinantes para conocer si se abre diálogo o si la paralización se prolonga, lo que profundizaría el rezago judicial y generaría presión política sobre las instituciones.