El 17 de octubre, las autoridades detuvieron a César Jáuregui, exfiscal general de Chihuahua, por su presunta participación en operativos policíacos sin autorización federal, vinculados al caso de agentes de la CIA. La detención fue ordenada por la Procuraduría General de la República (PGR) tras investigaciones que sugieren que Jáuregui excedió sus funciones al coordinar acciones sin el visto bueno de organismos federales, lo que viola el marco legal vigente. Esta acción generó un nuevo punto de tensión en la gobernación de Chihuahua, donde Jáuregui había sido un aliado cercano de la gobernadora Maru Campos.
Jáuregui, quien fue fiscal estatal entre 2016 y 2020, se convirtió en figura clave en la lucha contra el crimen organizado en el norte del país. Su detención se da en un contexto de crecientes críticas hacia la gestión de seguridad en Chihuahua, donde la violencia y la corrupción han sido persistentes. La relación entre Jáuregui y Maru Campos, quien asumió la gubernatura en 2021, se ha visto afectada por acusaciones de conflictos de interés y falta de transparencia en las operaciones de inteligencia. La detención podría reforzar las presiones internas para reestructurar la dependencia de seguridad estatal.
A nivel nacional, el caso refleja las tensiones entre el poder federal y los gobiernos estatales en temas de seguridad. La participación de agentes de la CIA en operativos locales ha sido un tema delicado, especialmente tras el escándalo de la llamada «Operación Cielo» en 2020, donde se reveló la colaboración entre autoridades mexicanas y estadounidenses en la captura de líderes del cártel de Sinaloa. La intervención de la PGR en este caso reafirma la vigilancia de las autoridades federales sobre las acciones de los estados, lo que podría generar desconfianza entre los mandatarios locales.
Las consecuencias de la detención de Jáuregui podrían incluir un desgaste en la credibilidad de la gobernación de Chihuahua, especialmente si se demuestra su vinculación directa con actividades no autorizadas. Además, la situación podría afectar la cooperación entre el estado y el gobierno federal en materia de seguridad, poniendo en riesgo operativos conjuntos. Para Maru Campos, la medida representa un reto adicional en su esfuerzo por consolidar su mandato, mientras que para el gobierno federal, es una señal de que no tolerará excesos en la gestión de la seguridad nacional.